lunes, 29 de julio de 2013

UN HOGAR ESPIRITUAL

Un Hogar sin una Filosofía Espiritual no tiene futuro. No podemos pretender tener paz, tranquilidad, felicidad y mucho menos prosperidad económica si no tenemos a Dios en nuestro corazón. Hemos puesto el futuro de nuestro Hogar en el Dios dinero, el Dios poder, el Dios sexo, el Dios Televisión, Dioses sin bases ni fundamentos que poco a poco consumen la alegría y entorpecen el rumbo de la familia hacia una vida plena con valores y con futuro en la Sociedad.

Veo con tristeza como todos los días se derrumban parejas por falta de bases Espirituales sólidas. Cuando comprendamos que tenemos que buscar en nuestro interior, recuperaremos el tiempo perdido haciendo el bien y contribuyendo a que nuestro hogar sane todas las heridas causadas por nuestra indiferencia y falta de Fé.


jueves, 7 de marzo de 2013

CONECTARSE CON DIOS


Se necesita saber recitar ciertas palabras específicas de memoria para conectar con Dios.

Aunque existen hermosas oraciones que pueden inspirarte y llevarte a la conexión, no necesitas un código específico para comunicarte con Él; Dios sólo necesita tu apertura.

Se necesita un estado de tranquilidad y un lugar específico para comunicarte con Dios.

El silencio es un estado necesario para escuchar tu Ser interior y es cierto que existen lugares sagrados que propician la devoción; pero si estuvieras en medio del parque más ruidoso, igual te escucharía. A Dios puedes hablarle en cualquier momento, bajo cualquier circunstancia y bajo cualquier condición. Él puede escucharte a través de cualquier pared y por encima de cualquier ruido, inclusive, el de tus propios pensamientos;  Dios sólo necesita tu apertura.

No siento nada. Se necesita sentir euforia cuando hablas con Dios, de otra manera no está funcionando.

No es necesario sentir nada específico cuando se habla con Dios, ni siquiera inspiración; con sólo tener la intención es suficiente para Dios, de hecho en los momentos más oscuros, cuando crees ya no sentir, es cuando más cerca posiblemente estás; Dios sólo necesita tu apertura.

Necesito ser “bueno” para que Dios me escuche.

Dios escucha a todos y no te juzga por tus acciones. No importa el error cometido, en qué estado estás o cómo te sientes, nunca pierdes tu valor . Dios siempre está listo para escuchar tanto al devoto, como al pecador; tanto al negativo como al positivo, al creyente o al no creyente: Dios sólo necesita tu apertura.

Necesito saber lo que quiero y ser específico antes de tratar de conectarme con Dios

Todo lo contrario, usualmente cuando llegamos a Dios, no sabemos el mejor camino a tomar, en este caso el no saber, es la mejor situación; en cambio, el creer que ya sabes lo que te conviene y el apegarte a ese resultado, sí puede interferir en el bien que te espera; Dios sólo necesita tu apertura.

Dios no concede mis deseos, entonces no tengo conexión.

Si Dios no concede un deseo, lo hace precisamente porque estás conectado. El lado oscuro puede concederte deseos que no te convienen, pero cuando estás en conexión, Dios te protege hasta de tus propios deseos.

Ya tuve la intención, tuve mi apertura, oré y me conecté con Dios una vez, ya no tengo que orar más.

Este es posiblemente el mito mayor, necesitas dar permiso y volver a la apertura diariamente y cuántas veces sientas necesario. Vivimos en un mundo donde serás retado diariamente. La ansiedad, el miedo, la duda y el rencor cierran de manera temporal la conexión hasta al más devoto,; sólo tu regreso voluntario puede abrirla una y otra vez; Dios sólo necesita tu apertura.
En realidad la conexión no se pierde, siempre la tienes; pero sí puede tener graves interferencias. Como ves, el denominador común de lo necesario para comunicarse con Dios, es la voluntad de tener apertura; eligiendo por medio de tu propio libre albedrío el regreso. Un corazón que elige seguir cerrado a Su mensaje es lo único que puede intervenir con esta conexión; aunque se crea religioso y esté viviendo en un templo, no la sentirá. Por el contrario, un corazón que elige estar abierto a su mensaje, lo logrará aunque esté rodeado de error y postrado en medio del peor infierno. Recuerda.

El Libre Albedrío es el poder que Dios te da, para que por tu propia voluntad, regreses a Él, una y otra vez. 

                                                                                                           Sharon M Koenig